Se encontraba un bello principe atareado en las aburridas tareas del castillo cuando de pronto escuchó un grito, que parecia venir de una joven.
El principe dejó; todo cuanto estaba haciendo y salió del castillo corriendo siguiendo los gritos de aquella joven.
Después de llevar más de media hora corriendo por el bosque encontró tirada en el suelo, efectivamente, a una apuesta joven llena de rasguños y magulladuras.
Sin pensarselo dos veces el hombre se agachó y cogio a la muchacha en brazos y la llevó hasta el castillo.
Ya en el castillo la joven despertó y se encontró dos preciosos ojos azules que le resultaban desconocidos, pero que reflejaban preocupación.
La muchacha preguntó:
-¿Donde me encuentro?
El joven respondió:
-Bella dama, se encuentra asalvo de cualquiera preocupación. En mis manos estará segura.
Tras estás palabras, e la muchacha se despertó un sentimiento de gran afecto hacia aquel apuesto desconocido.
Pasaron unas semanas y la muchacha recibía la atenta y cariñosa visita del principe.
Hasta que un día, cuando el principe iva, a la hora punta a hacer su visita matutina, en el pasillo se encontró a la dama frente a el.
El principe dijo:
-Bella flor, deberías estar en la cama. Aún estás algo débil...
Pero la muchacha rebosante de amor no dejó continuar al principe y se echó a sus brazos con un enorme beso en los labios.
Al separarse dijo:
-Gracias, principe, por haberme cuidado como sí fueras un padre.para mi, por haberme echó compañía como un hermano lo haría, pero gracias porque, durante todo este tiempo tú me has querido, como un principe hace a su princesa...
Y dicho esto le besó de nuevo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario